La historia de la Fundación Benjamín Bloom nace del legado de un hombre que decidió devolverle a El Salvador todo lo que este país le había dado.
Benjamín Bloom nació en Sonoma, California en 1873 y llegó a El Salvador a principios del siglo XX. Con el paso de los años se convirtió en un reconocido banquero y filántropo, profundamente comprometido con el bienestar de los salvadoreños.
Una experiencia personal marcó su vida: la pérdida de un ser querido le hizo reflexionar sobre el dolor de las familias que enfrentaban la enfermedad de un hijo sin recursos. Ese sentimiento sembró en él el deseo de crear un hospital dedicado a la niñez salvadoreña.
En 1928 donó el primer Hospital Nacional de Niños. Años más tarde, decidió dejar toda su fortuna al servicio de los más necesitados, creando un fideicomiso destinado a apoyar niños enfermos y proyectos de asistencia social.
Ese legado dio origen a la Fundación Benjamín Bloom en 1959. Desde entonces, la fundación ha trabajado incansablemente para fortalecer la atención médica infantil y apoyar proyectos que transforman vidas.
Un hito clave fue la construcción del nuevo Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom en 1970, equipado completamente por la fundación, y su posterior reconstrucción tras el terremoto de 1986.
Hoy, la Fundación Bloom continúa compartiendo ese compromiso con el Estado y otras organizaciones, manteniendo vivo el sueño de su fundador: una salud digna para cada niño de El Salvador.